Amaia Melendo Villate – Conductora – Bilbobus – L40


Proyecto fotográfico de Jaio: "Women are beautiful. Llámame Eulalia". Amaia Melendo Villate.

Proyecto fotográfico de Jaio: «Women are beautiful. Llámame Eulalia». Amaia Melendo Villate.


Amaia, serenidad que no ve el caos

Hay mujeres que parecen tener un pacto secreto con la ciudad, saben cómo moverse por ella, cómo leer sus gestos, cómo domarla sin someterla. Amaia es una de ellas. Desde el primer momento supe que no sólo iba a fotografiar a una conductora, sino que era una especie de navegante urbana. Una mujer que guía una nave roja entre las arterias vivas de la ciudad.

Amaia lleva el uniforme como si fuera una capa invisible de superheroína. En sus gestos hay precisión, pero también algo muy parecido a la ternura. No es una ternura blanda, ni complaciente. Es una ternura poderosa, consciente, la de quien sabe que cuidar es también una forma de rebelión. Me lo dice sin palabras, cada vez que mira por el retrovisor para asegurarse de que esa señora mayor se ha acomodado, antes de arrancar, o cuando lanza un “egun on” que suena más a abrazo que a fórmula aunque nadie le conteste.

Durante el trayecto, cruzamos paisajes que parecen pertenecerse entre sí sólo gracias a la costumbre, el romántico paseo de Los Caños, con sus árboles como testigos antiguos, y luego la densidad gris de las zonas más habitadas, donde las prisas se pelean con los semáforos. Ella los surca con la misma calma, los ojos fijos en todo, las manos en ese cuadro de mandos que, visto tras la lente de mi cámara, parece el panel de control de una nave espacial. En una de las fotos, sus dedos descansan ahí, firmes pero relajados, como si todo estuviera bajo control porque lo está. Es la NASA, pero con aurresku de fondo.

Dice que es «la gemela mala de una compañera» (no digo el nombre, aunque sé a quién se refiere) y se ríe. Pero yo la he visto, y sé que es buenísima. Lo es en la forma en que habita su trabajo. Hay una belleza profunda en lo que hace, porque es una belleza que no quiere aplausos, sólo respeto. Ella no se adorna, brilla.

Mientras hacía las fotos, sentía que el autobús era un pequeño escenario en movimiento. Pero no uno artificial, sino uno auténtico, donde la gente sube con bolsas de la compra, con historias, con silencios; y ella los recibe con una dignidad que parece sencilla, pero es gigantesca. Hay algo profundamente cinematográfico en esa mezcla de rutina y épica. Como si, al mirar sus manos en el volante, también estuviéramos mirando el pulso de una ciudad que se mueve gracias a mujeres como ella.

Amaia es una fuerza serena en mitad del caos. Y hoy, al ver estas fotos, quiero que el mundo la mire como yo la vi, hermosa, fuerte, imprescindible. Porque Women are Beautiful no va de posar, va de estar. Y Amaia, en su línea 40, está más presente que nadie.