Jone Elizondo Urrestarazu – Doctora en Derecho –


Proyecto fotográfico de Jaio: <em>"Women are beautiful. Llámame Eulalia".</em> Jone Elizondo Urrestarazu.

Proyecto fotográfico de Jaio: «Women are beautiful. Llámame Eulalia». Jone Elizondo Urrestarazu.


Lo importante, y lo transformador, no siempre están en lo visible

Jone Elizondo Urrestarazu es hija de una amiga y un amigo muy queridos. El día en que la conocí supe que estaba ante una mujer brillante, y su pasión al hablar me cautivó. Es una monologuista que aún no ha saltado a los escenarios, pero debería. Tiene el don de la palabra. Es muy ágil mentalmente y brillante en su conversación. Y además tiene un grandísimo sentido del humor. Y escuchamos los mismos podcast… (No hay negros en el Tibet, La Ruina, etc…)

Me acerqué a retratar a Jone en uno de esos días en que la luz se cuela sin pedir permiso, nubes y claros a partes iguales, incluso algún sirimiri nos saludó. Pero todo parecía estar en su sitio, incluso las decisiones difíciles. La veo moverse como quien ya ha conquistado varias montañas y sabe que aún quedan muchas por escalar. En su risa explosiva, abierta, franca, hay algo que desarma. Una mezcla entre alegría franca y la certeza de que no ha venido a ocupar espacio, sino a transformarlo; que tiene la conciencia tranquila y que puede agitar conciencias en las políticas de los Estados Europeos, ahora más que nunca.

Jone ha coordinado y escrito varias publicaciones sobre igualdad y no discriminación, y ha participado como ponente en numerosos seminarios y conferencias. Es Doctora en Derecho, con la tesis «Discriminación múltiple e interseccional en la legislación antidiscriminatoria de la Unión Europea: hacia una Europa más inclusiva» sólo con el título puedes saber lo que le importa, lo que la hace levantarse con ilusión todas las mañanas, es asesora jurídica en políticas de Igualdad en la UE y realiza un trabajo que le apasiona y que está contribuyendo, sin ninguna duda, a un mundo mejor desde la perspectiva de la igualdad y de la inclusión.

La fotografío en el despacho junto al portátil, donde tiene a medias un artículo. Es la herramienta con la que traza estrategias, argumenta derechos y sacude normas obsoletas. La luz de la ventana dibuja sobre su rostro un contorno de pensadora clásica, pero su mirada es radicalmente contemporánea. Hay una fuerza serena en su presencia. Como si supiera que tiene el peso de muchas historias detrás, las de mujeres invisibles, múltiples, interseccionadas, y también la claridad de que su palabra puede cambiar el curso de una directiva europea. Y eso mola, porque viene a ser la letra pequeña del poder, y mola saberte testigo de una mujer así.

Mientras escribe el artículo, está concentrada, es en el único rato en que la veo seria. Sus dedos vuelan sobre el teclado y al lado su tarjeta de acreditación de acceso allá en Bruselas descansa como un amuleto sobre la mesa. La acaricia distraída, como quien sabe que el acceso es, además de físico, simbólico. Ella está donde tantas no han sido invitadas, y se lo ha ganado con argumentos, no pidiendo permiso.

Jone fue nadadora de competición. Hoy, cuando me habla de su trabajo, detecto ese mismo pulso, el ritmo de quien conoce la exigencia del cuerpo y de la mente. Se exige. Se entrega. No hay cinismo en ella. Sólo la voluntad tenaz de hacerlo bien, de hacerlo justo, de hacerlo mejor, ¿por qué será? Es esa competitividad que ahora no se mide en cronómetros, sino en avances legislativos, en las grietas que sabe que puede abrir en los muros del sistema.

Cuando salimos al jardín para hacer el retrato, se detiene un instante, respira, me mira y ríe y yo quiero que esa imagen se vuelva símbolo, no por idealizada, sino porque es muy real. Y lúcida. Y muy bella.

Jone ha coordinado publicaciones, ha dado conferencias, ha tejido redes invisibles que hoy sostienen avances legales que mañana cambiarán vidas. Pero lo que más me fascina de ella no es su currículum, sino su coherencia. La manera en que su alegría es política. Su inteligencia, combativa. Su dulzura, una estrategia de entereza.

Cuando tras la lente de mi cámara la veo reír a mandíbula batiente, esa risa suya que explota sin permiso, luminosa como una verdad que no se puede ocultar, entiendo que fotografiar a mujeres como Jone no es solamente un acto artístico, es un auténtico privilegio. Es decir “ella estuvo aquí, y nadie la silenció”.