En esta frenética y secreta operación «Naranja Mecánica Orgánica», un equipo de mantenimiento de élite es contratado para rellenar los pozos negros de semillas de la Papaya Mayor, la fruta más venerada en la estantería de la tienda de ultramarinos. En la sección transversal, valientes obreras y obreros, armados con brochas y cubos (posiblemente de pulpa de albaricoque), escalan andamios precarios en el abismo de la dulzura, intentando desesperadamente pintar de color melocotón ese agujero cósmico que amenaza con tragárselos. La capataza, sin casco ni seguro, grita por megafonía que se den prisa, pues la clienta espera su batido, y no hay tiempo que perder en esta excavación azucarada antes de que el peristaltismo digestivo declare el fin de la jornada laboral.

