Maite Jiménez Ochoa de Alda – Bordadora y escritora


Proyecto fotográfico de Jaio: <em>"Women are beautiful. Llámame Eulalia".</em> Maite Jiménez Ochoa de Alda.

Proyecto fotográfico de Jaio: «Women are beautiful. Llámame Eulalia». Maite Jiménez Ochoa de Alda.


Maite Jiménez y su homenaje bordado a las que tejieron historia.

Estas fotografías no son sólo un retrato. Es un instante suspendido donde el pasado se cose al presente con hilo violeta. Maite Jiménez -escritora, investigadora, amante de los silencios que habitan los márgenes- me recibe con una manta en las manos. De color morado por la constancia y perseverancia, el verde de la esperanza, y con la pureza que aporta el blanco, no es una manta cualquiera, es una almazuela, palabra hermosa que rescata la raíz castellana del patchwork, y que en sus puntadas guarda un homenaje poderoso.

Cuatrocientas cincuenta y ocho mujeres. Cuatrocientas cincuenta y ocho historias. Cuatrocientas cincuenta y ocho veces «gracias».

Maite y sus cómplices han bordado sus nombres uno a uno. Sufragistas, escritoras, poetas, pensadoras, científicas, luchadoras. Algunas universales, muchas olvidadas. La tela se convierte en archivo, en memoria íntima y colectiva. En esta obra textil se cruzan los caminos de la militancia y la ternura, del gesto artesanal y de la genealogía feminista.

Y yo, tras la lente de mi cámara, no puedo dejar de pensar en Eulalia Abaitua. Maite la ha estudiado con la misma devoción con la que ahora cose. Eulalia fotografió mujeres en Bilbao en el siglo XIX, mientras los hombres retrataban fábricas. Ella, como Maite, sabía mirar hacia donde la historia no suele enfocar. Sabía que lo cotidiano también es político.

La manta dice en su borde “Homenaje a las sufragistas y a las de esta tela literata.
Y yo pienso que sí, que esta tela literata y militante tiene cuerpo, palabras y manos. Que bordar es escribir, y que este gesto -lento, paciente, rebelde- es una forma de justicia poética. Una forma de cuidar. De resistir. De no olvidar.

Mientras Maite la despliega, sus dedos acarician nombres que hoy reviven en cada hebra: Virginia Woolf. Clara Campoamor. Audre Lorde. Simone de Beauvoir. Las que están. Las que faltan. Las que vendrán.

Este proyecto no existiría sin la mirada cómplice y política de mujeres como Maite. Y sin los hilos que nos siguen uniendo, invisibles pero firmes, entre generaciones.