Este es un experimento de caos controlado y pura serendipia visual, en el que básicamente juego con el azar para redefinir la narrativa en blanco y negro.
La premisa es exponer un carrete completo, ignorando qué imágenes habitan en la emulsión en la primera pasada, permitiendo que las luces de la segunda vuelta colisionen a ciegas con las sombras de la primera. Al solapar texturas y siluetas sin un registro previo, elimino la composición premeditada para dejar que la química decida el resultado, creando piezas únicas que pueden ir directamente a la basura. O no.
Es, en esencia, un acto de fe fotográfica en el que la recompensa llegará cuando, al revelar el negativo, descubra qué historias decidieron entrelazarse por puro accidente.
De momento estoy con la segunda vuelta del carrete. Veremos qué sucede.
