La tinta que estalla
Yo sabía de su existencia porque es la ilustradora de un documental de mi querida Itxaso Díaz. Pero nunca nos habíamos encontrado. Llego para fotografiar a la técnica de luz y sonido Paz Carbajosa, y ella era la responsable del diseño de la txozna. La encuentro entre andamios metálicos y maderas moradas. La txozna feminista Txinparta respira como un animal vivo. Late. Huele a pintura fresca, a metal cortado y garantiza pólvora de fiesta. Aste Nagusia todavía no ha empezado, pero aquí ya se afila la alegría.
Levanto la cámara. Ella, Higinia Garay Zarate, está en el centro, como si todo orbitara a su alrededor. El pelo recogido sin ceremonia, dirige el equipo de montaje, sonríe, indica con la mano la postura exacta que debe tener una estrella, como quien señala un horizonte. Sus ojos calculan ángulos y sueños al mismo tiempo. Click. El instante queda atrapado, un gesto a medio camino entre la ternura y la batalla. Pienso que Higinia es de esas mujeres que trabajan como si lo que hacen pudiera salvar una vida.
La pierdo de vista y la encuentro subida a una escalera, martillo en mano como un metrónomo que marca el ritmo de toda la txozna. Mide con los ojos, afina con las manos, habla en corto y sin titubeos. Su voz atraviesa la escena ordenando, preguntando, riendo. Higinia no necesita escenario, directamente lo construye.
Mientras el montaje de la txozna crece, se enciende, respira, ella baja de la escalera, se limpia las manos en el pantalón y revisa que todo esté en su sitio. Elige para el retrato la imagen, creada por ella, de una mujer Palestina pidiendo libertad. Tras la lente de mi cámara la escena es nítida, veo a una mujer que se enfrenta a todo y gana y yo sé que esta foto no es sólo su retrato, es un manifiesto.
En la revista Pikara Magazine cuenta que lleva dibujando desde que supo escribir su nombre. Cada letra era una muñeca. Pienso en esa niña que trazaba su identidad como quien arma un ejército secreto. Desde entonces, no ha dejado de añadir soldados de tinta china, acuarelas, carteles, portadas, novelas gráficas, talleres, conferencias. Un arsenal de imágenes para enfrentar la realidad, con esa honestidad que incomoda a quien no quiere mirar.
Ha trabajado para museos, asociaciones, festivales; ha contado historias de mujeres invisibles y ha dejado que esas mujeres la atraviesen. Higinia habla de su trabajo con el pulso de quien diseña no sólo una obra, sino una trinchera. Pienso que la belleza aquí no es una cuestión estética, es un arma. Ella sabe mirar donde otra gente aparta la vista. Sabe dibujar la fragilidad sin romperla. Pienso en sus dibujos que parecen respirar, en cómo traduce injusticias en colores y líneas, sin concesiones. Aquí, en este caos previo a la fiesta, está creando otra pieza, una txozna feminista que es refugio, altavoz, y barricada.
Porque aquí, bajo la sombra de la txozna, la tinta morada estalla. Y nos deja salpicadas a todas.




