Edurne Perez Setien – Cocinera


Proyecto fotográfico de Jaio: <em>"Women are beautiful. Llámame Eulalia".</em> Edurne Pérez Setién.

Proyecto fotográfico de Jaio: «Women are beautiful. Llámame Eulalia». Edurne Pérez Setién.

 


Fuego en la mano, corazón en la barra

El sol de septiembre acaricia Plentzia. Caminar hacia el Gorantz es como atravesar un silencio cálido, con la cámara al hombro. Edurne me espera. Decidida. Dulce. Tímida. Con esa mirada firme que lo dice todo sin palabras. La observo mientras organiza la cocina. Es mínima, pero lo máximo sucede dentro, donde todo lo importante cabe en un espacio pequeño, sartenes de hierro, cuchillos afilados, tablas de madera que guardan historias de ajo frito y hongos.

El aceite chisporrotea. La cebolla se dora. Edurne rebana, saltea, emulsiona, ajusta el punto de sal. Sus manos son ritmo y ternura a la vez. Ella mueve cada ingrediente con precisión y cariño. El olor del foie se mezcla con el de los hongos. Me pierdo en esos aromas. Me pierdo en la textura crujiente de las berenjenas. Me pierden las rabas, que hay quien las proclama como las mejores de Uribe-Kosta. Hay un ritual en su cocina. Cada pintxo un latido que no cesa. Cada gesto, un abrazo. Todo se convierte en música, en fragancia, en luz.

Salimos al exterior para el retrato. La gente nos observa, curiosa. Poco le importa a Edurne, que sonríe. El sol dibuja líneas sobre su rostro. Sus ojos guardan historias de esfuerzo y alegría, de domingos llenos de familia. Cada gesto suyo habla de su pasión, la de alimentar cuerpos y almas, de dar vida al pueblo. Cada pintxo que sirve es un abrazo y un puente hacia quienes la rodean. Ella se alimenta del amor que le dan y lo devuelve multiplicado en sabores, en cuidados, en miradas.

Su familia se reúne junto a ella todos los domingos para el aperitivo. La energía que recibe de ellos se filtra en cada receta. Sus sueños se extienden más allá de la barra, un molino en Lemoiz, naturaleza, tranquilidad, un proyecto que combina tierra y corazón. También es verdad que ella anhela tiempo para cultivar sus amistades, para ir a conciertos y ver teatro…sueña con recuperar el tiempo perdido y llenarlo de vida.

Edurne ama Plentzia, ama la cocina, ama a la gente que la rodea. Y ahí está, en cada fotografía, intensa y cálida, poderosa y humana, mostrando que la belleza está en la acción, en la entrega, en el cuidado silencioso que transforma lo cotidiano en extraordinario.