Ane Muntión Fernández – Conductora – Bilbobobus LA4


Proyecto fotográfico de Jaio: <em>"Women are beautiful. Llámame Eulalia".</em> Ane Muntión Fernández.

Proyecto fotográfico de Jaio: «Women are beautiful. Llámame Eulalia». Ane Muntión Fernández.

Proyecto fotográfico de Jaio. Women are beautiful. Ane Muntión Fernández. Retrato: Cámara: Canon EOS 5D Mark IV, f/2.8, Tiempo de exposición: 1/4000 s, ISO 1600. Distancia focal: 50 mm. Sin flash.

Proyecto fotográfico de Jaio. Women are beautiful. Ane Muntión Fernández. Retrato: Cámara: Canon EOS 5D Mark IV, f/2.8, Tiempo de exposición: 1/4000 s, ISO 1600. Distancia focal: 50 mm. Sin flash.


Tiro millas y que la ciudad palpite

Quedé para viajar con ella en la línea A4 de Bilbobús, un viernes de sol de los que queman la acera y derriten los relojes. Escuché el zumbido siseante de un rumor de motor 100% eléctrico. Freno suave. El sol rebotaba en el parabrisas y le pintaba la cara como si fuera una actriz entrando en escena.

Ane Muntión. Manos firmes sobre el volante, uñas sin esmalte, mirada que sabe medir distancias y silencios. En las curvas, su cuerpo se inclina lo justo, como si la ciudad obedeciera a sus manos. Y sus manos se mueven con la certeza de quien conoce el peso de cada gesto. Giran el volante. Ajustan el espejo. Cada acto es como un encuadre.

Fotografiarla fue como sentarme en el asiento trasero de su mundo. Tras la lente de mi cámara, su fuerza no es ruido, es una respiración larga. Ane domestica la ciudad, la acaricia y la empuja, la frena y la obliga a esperar.

Trabajó veinte años como cocinera para personas mayores en los centros de la tercera edad; sus manos aprendieron la medida exacta de la sal sin pesarla, y la paciencia del servicio sin manual. Ahora mide los tiempos, maneja horarios, timbres y cuerpos que suben y bajan, todas las pequeñas ceremonias de la ciudad que solamente alguien que cuida de verdad sabe atender.

Ha cambiado de paisaje, pero no de oficio, sigue llevando gente a buen puerto. Antes de pie, ahora sentada, pero siempre al mando de algo que se mueve. Me lo dijo con un guiño: «He cambiado los fogones por el volante». Lo dijo del tirón, resumiendo en esta frase una mudanza y dos profesiones.

Ha hecho varios cursos de fotografía, incluso ha revelado en el laboratorio y cuando le pedí que posara ella lo hizo encantada , devolviéndome una sonrisa cómplice y con el humor de quien sabe que la luz no perdona ni consiente.

Acude semanalmente a una escuela de teatro y hace figuración en cuanto puede. Se mete en cuerpos ajenos para practicar el mundo; después vuelve al bus y sigue siendo ella, una actriz de la cotidianidad, una mujer que ensaya actos de cuidado y de presencia. Se queda en el borde de la historia, pero nunca fuera. No sabe estar fuera de la vida. Hay algo en su postura, en su forma de mirar los espejos retrovisores, que te recuerda que aquí la que manda es ella. En el bus también interpreta la conductora, la guía, la que escucha y la que guarda silencio.

Cumplió una cifra redonda y se regaló un viaje a Tailandia. A su regreso tuvo que llorar la pérdida de su compañero de piso, Kali, un Schnauzer inteligente, enérgico y cariñoso. Tres cualidades que son también el vivo retrato de Ane. Me lo contó sin bajar la voz, como quien nombra una pérdida sin querer rebajar su fuerza, vulnerable y digna a la vez.

Zorrotzaurre es un lugar que me es muy querido, lo llevo muy cerca del corazón, por lo que ha sido, no por lo que será. Allí fotografié a Ane, junto a la ría y en mis imágenes su figura queda como una promesa de entereza, no únicamente por lo que hace, sino por cómo lo defiende.

El autobús vibraba bajo mis pies y yo pensaba en todas las rutas que había trazado, las del bus, las del teatro, las de la luz en sus fotos, las de su viaje a tierras lejanas, la vida que a veces se acelera y a veces frena en seco. Las calles pasaban como carretes, y ella, sin darse cuenta, revelaba algo más que un trayecto; revelaba que la belleza también está en el control silencioso, en la fuerza que no grita. La belleza que me enseñó no es una cuestión de luz perfecta, es la insistencia de alguien que se pone en marcha cada día, y que se revela en cada semáforo, en cada parada.