June Ira Ugarte Aranoa – Oficina de Información Bilbao Intermodal


Proyecto fotográfico de Jaio: <em>"Women are beautiful. Llámame Eulalia".</em> June Ira Ugarte Aranoa.

Proyecto fotográfico de Jaio: «Women are beautiful. Llámame Eulalia». June Ira Ugarte Aranoa.


June, la que orienta sin mapa, porque toda dirección es posible

A veces, lo mejor del día ocurre cuando no lo tienes previsto. Volvía de fotografiar a Mengyin. Estaba cansada, con la cámara pesando ya en la motxila como un animal dormido, y deseando llegar a casa. Crucé por la máquina validadora, una más entre el ruido de ruedas arrastradas, voces entrecortadas y pantallas de salidas.

Entonces la vi. No se escondía. Todo lo contrario. June brillaba como un faro discreto entre la gente apurada. No por el chaleco naranja, que, en comparación con su melena roja, parecía pálido y mudo, sino por la manera de habitar el caos. Atenta, clara, disponible. Sonreía sin imposturas, con la seguridad de quien conoce su terreno y aún así lo ofrece con generosidad.

No pensaba fotografiarla. Pero ella me miró. Y sonrió. Esa fue mi luz verde. Le hablé del proyecto, sin invadir, como si mi cámara respirara con ella y ella se prestó enseguida. En una de las fotos, está inclinada sobre un grupo de chicos desorientados, dándoles indicaciones. En otra, intenta ayudar a una mujer cuyo QR se resiste al lector. En ambas, su rostro tiene esa bonita mezcla de eficacia y ternura que solo he visto en mujeres que aman lo que hacen aunque no sea lo que soñaron.

June es licenciada en Bellas Artes y  hace un máster en Arte y Tecnología. Y, mientras tanto, y con toda la dignidad del mientras tanto, trabaja en la oficina de información de Termibús. ¿Quién dijo que la juventud está perdida? ¿Quién se atreve a decir que servir es un verbo menor?

La observaba y pensaba que en su fluir hay arte también. En ese guiar, en ese hablar dulce, en esa expresión clara, en esa manera de prestar atención. June no posa, no actúa. Ella está. Y estar, en este mundo que corre tanto, es una forma revolucionaria de belleza.

La luz artificial de la terminal no le favorecía nada. Pero algo pasó con los reflejos de las pantallas sobre su piel blanca, con ese rojo poderoso cayéndole sobre los hombros. El foco no estaba en la estética, sino en la energía que desprendía. Eso que no se puede componer. Fotografiarla fue fácil porque no fingía. Porque lo importante no era el encuadre sino su manera de mirar a la gente que se le acercaba. Esa forma de estar que también es una forma de crear.

June me enseñó, sin saberlo, que el arte puede ser atender con paciencia a quien se ha perdido. Y que las estaciones de autobuses también son galerías, si se sabe mirar.