Maddi. El fuego tranquilo de la dama.
Comienzo por retratarla sentada en el pórtico de Goñi Portal. Su momento de descanso, las piernas recogidas, el cuerpo en reposo pero atento, con gesto tranquilo, sobre una piedra áspera, ancestral, y la textura rugosa de la historia bajo el tejido suave de su ropa. Sus manos en reposo contienen el motor del pueblo. La luz es limpia, como su trabajo. Ella es la divinidad cotidiana y te transmite esa serenidad que solamente tienen quienes viven entre el hacer y el cuidar.
Entramos en la oficina, Maddi se pone manos a la obra, tejiendo la red. Una madeja invisible de calendarios, personas y pasiones. Y sonríe. Ella es la luz, la sonrisa que todo lo ordena. Ella es una Mari-moderna. Reina del subsuelo burocrático, señora de las bridas y del proyector que funciona al fin. Mientras otra gente duda de qué hacer, ella ya ha encontrado la solución. «Hementxe daude«, dice cuando alguien entra, y con esa frase abre paso al mundo. Le gusta trabajar con la gente, es muy amable, muy sonriente, muy servicial y genera buen recuerdo…
Tras la lente de mi cámara la veo frente a la pantalla, entre hojas de cálculo infinitas y el cable enredado del teléfono antiguo, un artefacto «vintage» que aún suena con eco analógico, testigo mudo de todos los hlos que ella cose. Me encanta descubrir su capacidad para transmitir calma, como si no le costara esfuerzo, siempre con esa sonrisa suya, y con esa aparente levedad, que hace que todo funcione, que todo esté bien, que a nadie le falte de nada (el rotulador para la pizarra, el alargador para la tele, el conector para el proyector, la brida para el telón…).
Ella es parte del pulso invisible de Plentzia, porque trabaja para que todo esté en su punto, anota las asistencias de la gente menuda que crece jugando, las matrículas de los talleres que se llevarán a cabo en el centro, asiste a las personas que necesitan una mesa… Nada se le escapa, lo mismo ordena que escucha. Eso, para mí, tiene un valor inmenso, desde la sencillez de un despacho, demuestra que la verdadera fortaleza reside en la calma. Por eso me conmueve y me gusta tanto su actitud y la manera en que trabaja, un ejemplo de eficacia envuelta en gracia. Su gesto es el de una diosa discreta, una Mari contemporánea que no habita en cuevas, sino en oficinas, donde también se generan los bienes de la tierra, la cultura, el encuentro y la comunidad.
Queda claro que conecté con ella en el minuto cero. Hay mucha verdad en su gesto. Su esencia viene de su nombre, de la tierra, de Amboto. Y ella también escala, sube al monte, pasea a sus dos perros y sueña con ir a vivir a Donibane junto al mar, pero mientras tanto, aquí está, irradiando calma, fuego y arcoíris. Es la fuerza telúrica disfrazada de coordinadora cultural, resolutiva y amable.
Me alegro de haber podido retratarla. Pienso que Women are Beautiful empieza a ser una declaración de principios. Cada una de las mujeres que he retratado, sostiene su propio territorio sagrado. Es el hilo común que las une, la belleza radical de estar en acción, creando legado, sentipena (sentimiento), zirrara (emoción) y comunidd.
La fuerza que nos mueve es la belleza, pero una belleza que no se posa sino que se construye, se coordina, y se comparte, una belleza que transforma lo cotidiano en trascendencia.




