Matxalen de Pedro Larrea – Antzerki zuzendaria – Dantzerti


Proyecto fotográfico de Jaio: <em>"Women are beautiful. Llámame Eulalia".</em> Matxalen de Pedro Larrea.

Proyecto fotográfico de Jaio: «Women are beautiful. Llámame Eulalia». Matxalen de Pedro Larrea.


Matxalen. Desde el centro del mundo

La luz cae en diagonal sobre el suelo de madera de la sala de Goñi Portal, donde ensayamos, y atraviesa el aire como si también quisiera formar parte de la obra. Hay una pausa. Un murmullo. Luego, ella. Matxalen de Pedro Larrea ocupa el centro sin alzar la voz, sin pedir permiso. El centro le pertenece no por jerarquía, sino por algo más sutil, porque sabe estar. Porque sabe ver.

Disparo la cámara justo cuando alza las manos, me resulta dificil congelar el gesto, porque gesticula mientras se explica. No es un gesto teatral -aunque podría serlo-, es un gesto lleno de intención. Las palmas abiertas, los dedos describiendo el espacio, marcan el ritmo de una escena que aún no ha ocurrido, pero que ya existe en su mente. Cada indicación es breve, afilada, precisa. Dice poco, consigue mucho. Los cuerpos frente a ella se transforman.

Lo que me conmueve no es sólo su capacidad de dirigir, sino la forma en que confía. En la materia frágil y poderosa de las personas. En el talento que aún no se sabe talento. He visto cómo personas sin experiencia se plantan sobre el escenario con una dignidad que corta la respiración. Y eso, en gran parte, es ella.

Matxalen hace teatro con lo que hay. Desde materiales reciclados y sostenibles, hasta emociones arrinconadas. Todo sirve, si se usa con verdad. Todo se transforma, si hay tiempo y escucha. En sus obras hay tierra, hay agua, hay barrio, hay pueblo, hay lucha. No es solamente dirección, es siembra. Verla dirigir es ver nacer algo colectivo desde un solo cuerpo. El suyo. Que no impone, sino que propone. Que no grita, pero resuena. Hay algo profundamente feminista en su manera de hacer, no desde el discurso, sino desde la práctica. Porque construye espacios donde el arte no es élite, sino derecho. Donde el escenario es también una trinchera, un abrazo. Y le dedica todas las mañanas de domingo, de cuatro meses seguidos, para conseguir este milagro. Somos gente muy mayor, la mayoría, y nos atrevemos porque ella está detrás aupándonos.

Y es la voz en euskera de todo un museo de la industria, en Rialia, con esa voz cálida que te envuelve cuando te habla, ella te explica en euskera todo lo que puedas alcanzar a escuchar. Mi querida compi de piso, mi cómplice de series… quizás yo, con estas fotos tras la lente, no alcance a decirlo todo, pero quiero pensar que se intuye. Te admiro. Te adoro. Que tus manos -esas manos que explican, que encienden, que contienen- hablan también por mí. Porque fotografiarla es eso, sostener un instante de belleza increíble. Esa que sólo ocurre cuando alguien, como Matxalen, logra que lo imposible parezca sencillo.