Matere Pascual Rodríguez – Ingeniera agrónoma – Basalan BFA


Proyecto fotográfico de Jaio: <em>"Women are beautiful. Llámame Eulalia".</em> Matere Pascual Rodríguez.

Proyecto fotográfico de Jaio: «Women are beautiful. Llámame Eulalia». Matere Pascual Rodríguez.


Semillas que saben de futuro

La sigo en silencio, cámara en mano, mientras ella me canta las maravillas de cada máquina que me presenta como si fueran compañeras de oficina. Esta desbroza, esta selecciona, esta limpia las semillas… Ella no se da cuenta, pero está totalmente dentro. Dentro del bosque, dentro de sus manos, dentro del tiempo lento y exacto que necesita una semilla para contar lo que será.

El trabajo de Matere, tan silencioso como necesario, tiene la fuerza de lo que no se ve y sin embargo sostiene. Mide el grosor de los troncos, con el forcípulo, con un gesto firme, con la precisión casi maternal de quien mide la fiebre a un hijo dormido. Sus dedos manejan máquinas como quien interpreta un lenguaje secreto, el de las semillas, el de la tierra, el de la vida que todavía no ha nacido. Entre el microscopio y el monte, ella habita una frontera invisible donde la ciencia se hace ternura. No hay espectáculo. Solo verdad.

En su rostro, la concentración dibuja una forma de belleza que no pide permiso. Que no espera aplausos. Que simplemente está, como el musgo en las piedras, como la lluvia que empapa lento y llega a la raíz y aporta vida. Observarla es aprender otra forma de amar el mundo, sin estridencias, prestando mucha atención. Ella cuida el bosque. Lo piensa. Lo mide. Lo escucha. Y al hacerlo, reivindica un lugar que tantas veces le fue negado a las mujeres, el de las decisiones técnicas, el del saber exacto, el de la autoridad en silencio.

La veo elegir semillas como quien elige posibilidades. Como si supiera que dentro de cada una de esas pequeñas cápsulas palpita un bosque futuro. Ella las conoce por dentro. Las reconoce. Las respeta. Y yo la miro a ella como se mira a las cosas que importan, tras la lente y desde la piel. Y veo esa belleza elegante, sofisticada pero como si fuera casual, sin querer. Y sonríe. Con esa sonrisa permanente que tiene, porque a Matere le cuesta no sonreír, como si estuviera acordándose de un chiste, porque tiene un sentido del humor envidiable, inteligente, certero, adorable. Y cuando se extiende en anécdotas de su vida de estudiante… es como para tomar notas mentales y escribir un guión para Netflix…

Matere no necesita levantar la voz. Le basta con el gesto. Con su manera de tocar los árboles, de abrir una cápsula diminuta y mirar dentro como si estuviera leyendo el porvenir. Porque eso hace, cuida futuros. Ella, mujer de bosque, de ciencia y de tierra, siembra futuro cada día. Y mientras la fotografío, sé que estoy documentando algo más grande que una imagen, es la dignidad de lo que ha sido invisible demasiado tiempo.