Gema Bermúdez Vázquez – Conductora Bilbobus L76


Proyecto fotográfico de Jaio: <em>"Women are beautiful. Llámame Eulalia".</em> Gemma Bermúdez Vázquez.

Proyecto fotográfico de Jaio: «Women are beautiful. Llámame Eulalia». Gemma Bermúdez Vázquez.


Entre giro y giro, volante y página

Bilbao rueda despacio a través del parabrisas, como una película que Gema ha visto mil veces y que aún no se cansa de mirar, porque sirve en la misma línea, la L76, desde hace diecinueve años. Los mismos giros, las mismas paradas. Pero cada día, algo nuevo respira entre los asientos.

La observo tras la lente de mi cámara mientras el motor ronronea y la ciudad se estira ante la lluvia que va a llegar. Ella lleva el volante como quien sostiene una historia, firme, con ternura.

Aprovecha cada semáforo para realizar otra coreografía, sus manos revisan papeles, anotan, grapan. Su grapadora rosa descansa sobre el cuadro de mandos, un talismán de 23 años. «Nunca me ha fallado», dice sonriendo. Me lo creo. Hay objetos que resisten como nosotras, que acompañan silenciosamente la constancia de las mujeres.

A veces, entre el viaje de ida y el viaje de vuelta, abre su libro electrónico. Lee novelas de acción, dice que así escapa, que se descomprime del ruido. Leo en sus ojos la misma pasión con la que otras gentes persiguen horizontes. Ella los busca en las páginas de los libros.

Me cuenta que ha visto crecer a muchas niñas que subían al autobús con motxilas más grandes que ellas y que, de repente, las ve subir con sus propios hijos. «¿Cuándo ha pasado esto?«, se pregunta. Y me mira por el retrovisor con esa mezcla de ternura y vértigo que da el tiempo. «Te das cuenta de que tú también vas haciéndote mayor«. Lo dice con calma, sin tristeza, como quien acepta el fluir del tiempo, sabiendo que cada vuelta de volante deja una huella. Ahora que su descendencia ya vuela sola, ella vuelve a hacer kilómetros de paseo con sus amigas, no por trabajo, sino por placer. «Por fin tengo tiempo para mí», me dice y sonríe con la misma fuerza con que arranca el motor.

Mientras la luz del atardecer se filtra entre los edificios, pienso en la belleza silenciosa de su oficio, en trasladar a la gente de su casa al trabajo y de vuelta, en acompañar a las mismas personas a las que ha visto crecer, a su destino mientras ella también avanza hacia el suyo.

Gema encarna esa belleza que no posa, que conduce, lee, piensa, envejece, y vive. Que no necesita ser mirada para existir, pero cuando la miras, no puedes apartar la vista.

Yo bajo del autobús con la certeza de haber sido testigo de una de esas mujeres que hacen girar el mundo sin hacer ruido. Gema arranca. Y la ciudad, otra vez, se pone en marcha y en Women are Beautiful, damos otra vuelta de página.