Los superpoderes de Igone, cables, cimas, voz y percusión
En días de mucho calor, la realidad se desacelera un poco. Después de la tormenta de ayer, que nos pilló tomando un agua con gas, la luz de hoy se ha vuelto colega, como si quisiera quedarse a vivir entre las cosas. He quedado con Igone en su centro de trabajo, Elortza Eskola, mañana calurosa, luminosa, llena de pasos acelerados por los pasillos. Es final de curso.
Somos amigas desde hace cerca de quince años. Hemos compartido cenas, cuadrillas, risas y aperitivos eternos bajo el toldo de más de un bar en Plentzia. Pero cuando la veo aquí, en su lugar, entre máquinas, notas, decisiones y soluciones, la admiro con una devoción distinta. Porque hay belleza en su trabajo invisible, en su saber sin aspavientos, en su fuerza que no necesita imponerse.
Vamos a la sala del RAC. Esa criatura de cables y latidos binarios, abre su pecho técnico sólo para ella. Leo una nota manuscrita en euskera, junto a uno de los equipos averiados. Pedía ayuda. Y sabía a quién se la pedía. Igone no sólo resuelve averías, diseña caminos. Como responsable de Innovación educativa y de Tecnologías de la Información y la Comunicación en Elortza, hace años que dejó el aula, pero tampoco ha dejado de enseñar. Se recicla, se actualiza, se sumerge en todo lo nuevo como quien escala otra cima más. Porque sí, Igone también escala. Es la mujer orquesta. Montañera infatigable, canta con una voz que acaricia y sacude y toca el pandero como si en cada golpe contara una historia.
Su energía es elegante, fibrosa, decidida. Camina como quien ha hecho cumbres y regresado con respuestas. Y, sin embargo, tiene esa calidez que no necesita decir mucho para hacerse entender. Quizá porque es psicóloga, quizá porque ha criado generaciones enteras desde las aulas, quizá porque entiende la tecnología no como un fin, sino como una herramienta al servicio de lo humano.
La calidez de Igone atraviesa el encuadre. Su mirada directa, su media sonrisa sabia, el contraste de su piel con el fondo de pinceladas turquesas… Todo habla de una mujer que habita su lugar con verdad. Tras la lente pensé que Igone sostiene una parte del mundo y lo canta a media voz. Y me encanta cuando empezamos a hurgar en nuestro pasado y su aita trabajó con el mío, y ella estuvo en Traperos, como yo, y mi época de montañera… y ¡tantas conexiones! Ahí la dejo, sentada ante la pantalla, respondiendo correos, con la expresión de quien no ha dejado nunca de pensar. Este proyecto se llama Women are Beautiful e Igone es una de las razones por las que el proyecto existe.




