Iratxe Alda López – Conductora – Bilbobus L28


Proyecto fotográfico de Jaio: "Women are beautiful. Llámame Eulalia". Iratxe Alda López.

Proyecto fotográfico de Jaio: «Women are beautiful. Llámame Eulalia». Iratxe Alda López.


Proyecto fotográfico de Jaio: "Women are beautiful. Llámame Eulalia". Iratxe Alda López.

Proyecto fotográfico de Jaio: «Women are beautiful. Llámame Eulalia». Iratxe Alda López.


Iratxe, un impacto permanente. Entre frenos, fuego y estrellas.

Subí por casualidad a su autobús una mañana en Bilbao. Su saludo de sonrisa abierta y franca, me invitó a hablarle de mi proyecto. ¡Por supuesto que puedes contar conmigo, aunque yo no soy nada fotogénica! Quedamos un día en que le tocaba la línea 28, teníamos esa luz que apenas veíamos antes por Bilbao y que sabe filtrarse por las cuestas de Uríbarri. Ella me dijo que le daba vergüenza, pero lo cierto es que ilumina como una estrella. Iratxe Alda se llama, aunque hay quien la llama Águila Roja, o Pelo de Fuego, porque esa melena encendida no deja indiferente a nadie. Tiene el rostro como una línea bien dibujada y la mirada directa, pero lo que más impresiona es su energía. Esa que no se puede posar. Se es o no se es. Y ella, sin duda, es.

Porque Iratxe no pasa desapercibida. Iratxe permanece en ese ‘buenos días‘ que reparte sin medida, saluda a quien sube al autobús como si le conociera de antes, su sonrisa genuina, de las que se sienten en los ojos, hace que casi todo el mundo le responda, no por costumbre, sino porque en ella hay verdad, tiene memoria de calle y corazón de barrio. Y permanece también en la energía positiva que deja flotando en el aire del autobús, como si el vehículo fuese un escenario móvil y ella una actriz prodigiosa de lo cotidiano.

Llegamos a la cabecera de la línea 28, Uribarri, donde aún le da tiempo a un café rápido antes de sumergirse de nuevo en el latido urbano. Yo creo en las energías, me dice. Y yo en la química, le añado. Y sí, ella es mujer vitamina. Tiene las manos marcadas por una artrosis incipiente, pero firmes. Poderosas. Las vi agarrar el volante con la determinación de quien no solamente conduce un autobús, sino también su vida, sus miedos, sus sueños, y el cansancio. En sus brazos, los nombres de sus hijos y una frase: “No tengo miedo a la oscuridad, porque es cuando brillan las estrellas”. Qué fortaleza la suya, hecha de una nostalgia luminosa y una valentía que no se grita, pero se siente.

No tiene línea fija de momento, pero eso no impide que se sepa las historias mínimas y los rostros de muchas de las personas que abordan su oficina rodante. Sabe quién se baja en el hospital con la mirada perdida o quién sube al autobús cargando bolsas y pasos lentos.

En un semáforo, sin dejar de mirar los retrovisores, me lo suelta como quien revela un pequeño tesoro: “Uno de mis sueños es aprender a coser como mi amama. Tenía unas manos mágicas. Me gustaría seguir su tradición. Coser bien, de verdad. Puntada a puntada, como ella”. Y entonces miro sus manos firmes, curtidas, acariciando el volante de este autobús, y pienso que ya está cosiendo algo. No con hilo, sino con presencia. Cosiendo días, personas, barrios enteros. Porque hay mujeres que tejen sin aguja, e Iratxe es una de ellas.

Y llegamos hasta Altamira. Allí apenas puede mirar el paisaje que, paradójicamente, la nombra, porque ella es como el paisaje que te ofrece Altamira, alta, bella, abierta al horizonte. De hecho, el viaje fue el paisaje. Y ella, al volante, una mujer fuego que transforma la rutina en ritual, lo mecánico en gesto, el servicio público en acto de amor diario. Esta mujer no solo conduce un autobús. Conduce también el ánimo de una ciudad entera y lo influye.

Mientras reviso las fotos, una detrás de otra, me cuesta elegir cuatro y pienso ¡menos mal que no es fotogénica! porque está preciosa en todas. No por posar, sino por ser. Porque hay mujeres que además de salir bien en las fotos, entran en ellas, las habitan. Mujeres como Iratxe deberían tener línea fija en el corazón de quienes la ven pasar. Porque lo que ella hace no es sólo trabajo, es belleza en marcha.