María José L. Gosende – Bajo de Transeúntes


Proyecto fotográfico de Jaio: <em>"Women are beautiful. Llámame Eulalia".</em> Mari Jose L. Gosende.

Proyecto fotográfico de Jaio: «Women are beautiful. Llámame Eulalia». Mari Jose L. Gosende.


Bajo el bajo. ¡Dale con fuerza MJ!

La línea grave brota de su cuerpo como una respiración. Mari Jose sostiene el bajo con naturalidad, como si fuera una extensión de su voz interior, y hay algo en su gesto, una mezcla de concentración y calma, de quien ha pasado por mucho y ha aprendido a no temblar, que me obligaba a guardar silencio.

Tras la lente casi puedo ver cómo el cable vibra junto a su pie, un pequeño pulso negro contra el suelo. Fotografiarla ha sido como intentar atrapar una onda de sonido, no se ve, pero se siente. El sonido grave vibraba en el aire del local diminuto, casi sin espacio para respirar, y allí dentro, ella era inmensa. El local de ensayo es un milagro comprimido en nueve metros cuadrados. Paredes forradas con espuma, un ventilador viejo que apenas gira, paredes grafitadas hasta la extenuación y esa luz amarillenta que parecía flotar en el polvo. Rosa golpea las baquetas, Eduardo afina la voz, pero es MJ quien traza el compás y sostiene el ritmo del mundo. Me dejo llevar. Respiro con ellos.

MJ y yo nos conocimos en un taller de vídeo, cuando todavía el aire olía a desinfectante y el roce era sospechoso. Me acuerdo de aquel tiempo como de un sueño borroso, una época en la que limpiar la silla antes de sentarte parecía un acto de amor. Esa imagen vuelve por un segundo. Ahora parece surrealista, es alucinante lo fácil que se nos olvidan las cosas terribles, el tiempo juega a nuestro favor. Ella ya entonces miraba con curiosidad, con ese brillo de quien necesita entender cómo funcionan las cosas, desde una cámara o desde una placa base.

La retrato mientras toca y en cada disparo de la cámara hay algo que no se ve: su humor, su paciencia, su radar invisible para la belleza mínima. Mari Jose, MJ como le gusta que la llamen, representa la constancia sin alardes. No posa, habita. Ella es técnica informática, pero no la fotografié por eso, la fotografié porque es una mujer que construye códigos, sonidos, hogares, amistades. Lo que toca, lo transforma. Programadora, bajista, técnica del sonido y del silencio, sus manos saben de precisión, pero también de ternura. Su vida es un manual de resistencia escrito en lenguaje binario y en acordes menores.

Vive en su piso centenario, que encontró después de muchos desarraigos, y que ha restaurado con sus propias manos, con paciencia y ayuda de colegas, cada rincón parece contar una historia de reparación, de supervivencia, de belleza encontrada entre el polvo y los cables sueltos.

Ella trabaja desde casa, da soporte técnico para una multinacional, pero al caer la tarde se enciende otra frecuencia, la del bajo que suena con Rosa y Eduardo, su banda, Transeúntes. Cuando tocan, no hay jerarquías, solo ritmo compartido.

Más tarde salimos a la calle. La mañana en Barakaldo ha declarado la guerra a la tristeza, un día muy luminoso hace que la luz rebote en las fachadas. Ella apoya el codo en la barandilla, se cruza de brazos y sonríe. Tiene una sonrisa muy bonita. Un gesto sencillo, directo, tan suyo.

Tras la lente de mi cámara no retrato solamente a una mujer que toca o trabaja, sino a alguien que ha aprendido a conectar mundos, el digital y el humano, el orden y la improvisación, el ruido y el silencio. Fotografiarla es recordar por qué comencé Women are Beautiful, para mirar de otra forma, sin adornar, sin interrumpir. Para sostener la mirada sobre las mujeres que crean, que se mueven con su propio ritmo. Porque la belleza, cuando es verdad, simplemente sucede.