Begotxu Elexpe Cabrera – Conductora – Bilbobus L22


Proyecto fotográfico de Jaio: <em>"Women are beautiful. Llámame Eulalia".</em> Begotxu Elexpe Cabrera.

Proyecto fotográfico de Jaio: «Women are beautiful. Llámame Eulalia». Begotxu Elexpe Cabrera.


Hoy mi jefa se llama Begotxu

Una curva. Otra más. El autobús trepa Vía Vieja de Lezama arriba como un animal grande pero ágil. Ella lo guía con la confianza de quien conoce la montaña desde dentro.

Begotxu Elexpe Cabrera es mi jefa hoy. Conduce la línea 22 de Bilbobus como si pilotara una nave, pero sin grandilocuencia. Con ternura. Con flow. A veces la observo tras la lente de mi cámara, y otras, simplemente la escucho y me dejo llevar. Por su energía, su luz, su risa amplia que abre puertas, por el vértigo dulce de subir en su autobús por ese barrio en cuesta, y sentir que te lleva alguien que sabe exactamente cómo sostener el volante, con precisión, delicadamente, sin prisa, con el control exacto del camino.

Es una mujer fácil de amar… Por la forma en que saluda, diferente, a cada pasajera. Por cómo se mueve en su cabina como una reina de barrio alto. Tiene ojos claros que lo ven todo. Y manos fuertes, curtidas, que acarician los mandos como si también fueran parte de su cuerpo. A veces, esa mano llena de pulseras con piedras cargadas de energía se apoya sobre ellos como si la consola fuera una vieja amiga que la entiende sin palabras.

La luz de esta tarde entra sin permiso por las ventanas del bus, lo baña todo. Intento no quemar las fotos, pero ella brilla más que el sol y me complica el trabajo. Y qué suerte la mía. Qué privilegio este de retratar mujeres como ella. Mujeres que trabajan con amor. Que sostienen ciudades. Que conducen con dulzura y decisión.

Mientras espera el verde del semáforo, se queda pensativa. Y yo disparo. Silencio. Su cara quieta, el gesto concentrado, esa dulzura que no se disfraza ni se endurece. Fue madre demasiado joven, me dice. Y entiendo. Su cuerpo fuerte, su voz firme, esa mezcla de risa fácil y fragilidad a flor de piel, fuerte y frágil como un diamante, todo viene de ahí. De haber aprendido a sostener el mundo sin estar lista.

El autobús sigue subiendo. Ya estamos casi en Sarrikue. Y ella se ríe con una pasajera que sube y le dice “¡Ay, tú eres mi chica favorita!”. La conocen todas. Ella también las conoce. Las llama por sus nombres, o con guiños que dicen mucho más. No es sólo que lleve a cada cual a su destino, es que les regala un momento de calor, de dignidad, de alegría.

Begotxu no necesita discursos. Su trabajo habla por ella. La belleza está en lo cotidiano cuando pasa por sus manos. Una txapa con una amplia sonrisa prendida en su camisa es el faro que te da la bienvenida a su mundo. Su risa es la banda sonora de este pequeño viaje.

Y yo, agarrada a un palo de soporte para no caer, encuadro y disparo sin respirar, para congelar el momento. Siento que hoy también he llegado a algún sitio.